En las alturas de la región Tacna, un conjunto de pinturas rupestres continúa desafiando el paso del tiempo. Se trata de las Pinturas Rupestres de Toquepala, consideradas una de las manifestaciones de arte prehistórico más importantes del Perú y un valioso testimonio de la vida de los antiguos cazadores andinos.
Ubicadas en la denominada Cueva del Diablo, en el distrito de Ilabaya, provincia de Jorge Basadre, estas representaciones tienen una antigüedad estimada de más de 9.000 años, según dataciones arqueológicas, y muestran escenas de caza colectiva de guanacos mediante la técnica conocida como "chaco", en la que varios cazadores rodeaban a los animales para facilitar su captura.
¿Cómo lograron conservar sus colores durante milenios?
Uno de los aspectos que más llama la atención de este patrimonio arqueológico es la permanencia de sus colores.
De acuerdo con la información oficial de los registros turísticos del Estado y de la Municipalidad Distrital de Ilabaya, los antiguos pobladores utilizaron pigmentos minerales de tonalidades rojas, blancas, amarillas u ocres y negras, aplicados directamente sobre la roca. La composición mineral de estos pigmentos, junto con las condiciones climáticas secas de la zona y la protección natural que ofrece la cueva, ha contribuido a su preservación durante miles de años.
Aunque en publicaciones de redes sociales suele afirmarse que los pigmentos fueron mezclados con grasa animal, las fuentes oficiales consultadas no confirman de manera concluyente esa composición. Sí señalan que las figuras fueron elaboradas utilizando pigmentos naturales y que algunas de ellas fueron pintadas directamente con los dedos.
Una ventana al pasado de los primeros pobladores
Las escenas representan principalmente grupos de cazadores persiguiendo manadas de guanacos, una práctica conocida como "chaco", considerada una de las estrategias colectivas de caza más antiguas documentadas en los Andes.
Los arqueólogos sostienen que estas representaciones no solo reflejan actividades cotidianas, sino que también pudieron tener un significado ritual o simbólico relacionado con el éxito de la caza y la supervivencia de las comunidades prehistóricas.
Un patrimonio excepcional del Perú
Las pinturas fueron descubiertas en 1963 durante exploraciones arqueológicas en la Cueva del Diablo y, desde entonces, se han convertido en uno de los principales referentes del arte rupestre peruano.
Si bien en redes sociales suele afirmarse que constituyen "la galería de arte rupestre más importante del Perú", no existe una declaración oficial que las reconozca con ese título. No obstante, especialistas y entidades vinculadas al turismo y la arqueología coinciden en que se trata de uno de los conjuntos de arte rupestre más antiguos y relevantes del país, debido a su antigüedad, estado de conservación y valor histórico.
Hoy, más de nueve milenios después de haber sido plasmadas sobre la roca, las figuras de cazadores y guanacos continúan ofreciendo valiosa información sobre las primeras sociedades que habitaron el actual territorio peruano y demuestran el avanzado conocimiento que aquellos grupos humanos tenían sobre el uso de materiales naturales para crear imágenes capaces de perdurar a través del tiempo.
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