Hoy empieza una nueva era. Desde hoy, Perú dejará atrás todos sus problemas porque, evidentemente, hemos sido bendecidos con la fórmula mágica del desarrollo. Prepárense para despertar mañana con rascacielos, islas artificiales y Ferraris estacionados en cada esquina. Lima será el nuevo Dubái, Sullana tendrá metro elevado y el agua brotará de las fuentes con aroma a prosperidad.
Y, por supuesto, gracias a Dios nos hemos salvado de convertirnos en Venezuela. Ese fue el argumento repetido hasta el cansancio durante años, así que ahora solo queda esperar que la inflación desaparezca por decreto, que la corrupción se extinga por voluntad divina y que la justicia, de pronto, descubra el significado de la imparcialidad.
Porque si algo nos han enseñado es que concentrar poder nunca es un problema… siempre que lo haga el bando "correcto". Si las instituciones dejan de fiscalizar, es gobernabilidad. Si los organismos se alinean con el poder, es estabilidad. Si quienes antes denunciaban abusos hoy guardan silencio, es madurez democrática.
Qué alivio. Ya podemos dormir tranquilos. No habrá autoritarismo, porque el autoritarismo solo existe cuando gobiernan los otros. Tampoco habrá persecución política, captura institucional ni favores entre el poder y sus aliados; todo eso cambia de nombre cuando conviene.
Así que celebremos. Brindemos por este nuevo comienzo. Mañana todos seremos millonarios, las carreteras se construirán solas, los hospitales funcionarán como relojes suizos, la educación será de primer mundo y el Perú ingresará al exclusivo club de las potencias económicas... porque, al parecer, eso sucede automáticamente cuando uno gana una elección.
Y si dentro de unos años descubrimos que el paraíso prometido no llegó, no se preocupen: siempre habrá alguien a quien echarle la culpa. Mientras tanto, disfrutemos de nuestro flamante Dubái andino. Total, la propaganda nunca se equivoca… ¿o sí?
Porque la historia tiene una extraña costumbre: no siempre repite los mismos hechos, pero sí las mismas excusas. Y cuando una sociedad deja de exigir contrapesos porque el poder está en manos de quienes considera "los suyos", la democracia empieza a convertirse en un acto de fe, no de instituciones.
Bienvenidos al nuevo país de las maravillas.
- M. Isabel.
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Escrito por
María Isabel Pacherrez Atoche
Creador de contenido y aliado en Sullana En Línea.