La caries dental se produce cuando los ácidos generados por las bacterias de la placa dañan progresivamente los tejidos del diente. La Organización Mundial de la Salud estima que la caries no tratada afecta a unos 2.500 millones de personas y la considera la enfermedad no transmisible más frecuente del mundo. El consumo frecuente de azúcares libres es uno de los principales factores de riesgo. También influyen la higiene bucal deficiente, la exposición insuficiente al flúor y determinados factores relacionados con el acceso a servicios odontológicos.
La prevención comienza con el cepillado dos veces al día utilizando pasta dental con flúor, la limpieza adecuada entre los dientes y la reducción del consumo frecuente de bebidas y alimentos azucarados. Beber agua en lugar de bebidas azucaradas también contribuye a disminuir el riesgo.
Cuando la caries ya está presente, el tratamiento depende de su profundidad. Las lesiones iniciales pueden beneficiarse de medidas preventivas y remineralización, mientras que las cavidades pueden necesitar una restauración realizada por un odontólogo. Si existe infección avanzada, el tratamiento debe ser profesional.
Algunos remedios tradicionales, como clavo de olor, ajo o enjuagues caseros, pueden producir una sensación temporal de alivio, pero no eliminan la caries. Tampoco se recomienda colocar sustancias irritantes directamente sobre el diente o la encía. El dolor persistente, hinchazón facial, fiebre o dificultad para abrir la boca requiere atención odontológica.
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